Compartir

Guatavita: una expedición delirante en el siglo XVI

Download PDF

 

La laguna de Guatavita, a 50 km de Bogotá, era famosa entre los conquistadores españoles por ser parte integral de una leyenda que excitaba a los buscadores de tesoros: El Dorado. Se decía que la tribu de los muiscas, que habitaba el altiplano cundiboyacense, en el momento que debían proclamar un nuevo gobernante llevaban a cabo una especie de consagración del cargo en la laguna de Guatavita. Durante la ceremonia construían una balsa de juncos, adornada con preciosos bienes y provista de cuatro grandes braseros alimentados con moque (un incienso local), resinas y otras esencias. Una vez preparada la balsa, “desnudan al heredero hasta dejarlo en cueros, untándolo con tierra pegajosa sobre la que aplican polvo de oro hasta dejar el cuerpo enteramente cubierto de este metal.

 

vivir Colombia, Inter image
Cacique bañado en Polvo de oro, Guatavita

Lo instalan en la balsa, en la que permanece inmóvil, y a sus pies sitúan un gran cúmulo de oro y esmeraldas para que se las ofrezca al dios que habita las profundidades de la laguna”. En la balsa, acompañando al futuro gobernante iban cuatro jefes principales, tocados de plumajes y joyas de oro, que también portaban ofrendas. Cuando la barca abandonaba la orilla de la laguna se escuchaba el sonido de trompetas y flautas secundado por impresionantes cantos. Pero al llegar al centro de la laguna izaban una bandera en la barca y se hacía un silencio sepulcral. En ese momento “el hombre dorado” arrojaba todas sus ofrendas al fondo del lago así como los jefes que lo acompañaban. De esta manera era aclamado el “nuevo rey y señor”.

En Bogotá, Antonio Sepúlveda, un rico y conocido comerciante de la ciudad, conocía la historia de El Dorado. Mejor dicho, era un tema que le obsesionaba. A pocos kilómetros de su ciudad podía existir un inmenso tesoro al alcance de la mano. Después de mucho meditar sobre el tema, se propuso organizar una expedición  a Guatavita para buscar el tesoro. Movió cielo y tierra para conseguir las autorizaciones necesarias para poner por obra sus ideas. Finalmente, y después de tocar muchas puertas, consiguió que Felipe II diera luz verde al proyecto y le proporcionara mano de obra y recursos económicos. El plan era, nada menos, que desaguar la laguna. Aparentemente una locura, pero el tenaz comerciante creía en el éxito de su alucinante empresa. Movilizó cerca de ocho mil indios, armados solo de picos y palas. Con estos rudimentarios medios procedieron a excavar una enorme muela en el borde de la laguna (visible aún hoy en día) hasta formar un canal por el que debía de salir el agua. Por increíble que parezca consiguieron bajar veinte metros el nivel del agua. Pero la colosal presión ejercida por el agua sobre las paredes del canal acabó por colapsarlo, provocando una tragedia de graves consecuencias. Centenares de trabajadores murieron aplastados por el alud. Vino una orden desde España prohibiendo reanudar las obras. Sepúlveda quedó arruinado. Murió poco después en el pueblo de Guatavita y recibió sepultura en la iglesia del pueblo.

 

Felipe II, Rey de España, Vivir Colombia, Inter Image
Felipe II, Rey de España, Vivir Colombia, Inter Image

En su afán de proseguir con el desagüe de la laguna, Sepúlveda había enviado a Felipe II algunos objetos encontrados en el lugar: un peto de oro, un bastón cubierto con placas de oro y una descomunal esmeralda del tamaño de un huevo. Felipe II se quedó con los regalos pero ordenó que se le retiraran a Sepúlveda todas las ayudas.