Compartir

Jenny Rozo : la fuerza del destino

Download PDF

Jenny Rozo : la fuerza del destino

Jenny Rozo, Santafé (Chiquinquirá, Boyacá, 1952) nunca se imaginó que los azares de la vida la llevarían a España, tan lejos de sus orígenes en la Colombia rural. Su padre se dedicaba a la cría de ganado bovino; su madre había nacido en Muzo, la mítica tierra de las esmeraldas, e iba para monja, como sus otras cinco hermanas, pero terminó huyendo del convento para casarse.

La familia Rozo Santafé se instaló en una casa en el campo, a una media hora de la población de Chiquinquirá, famosa por su basílica dedicada a la Vírgen, y lugar de peregrinación muy reconocido en la región y en todo el país. Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá es la patrona y reina de Colombia. Recibe miles de peregrinos, no solo el 9 de julio, día de la fiesta patronal, sino cada domingo con ocasión de la misa dominical. El 3 de julio de 1986, el Papa Juan Pablo II visitó el lugar, y oró por la paz en Colombia a los pies de la Vírgen.

Los acontecimientos del 9 de abril de 1948, con el asesinato en Bogotá del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán y la posterior asonada que arrasó gran parte de la ciudad, desataron brotes de violencia en todo el país. Boyacá no fue la excepción. Una noche la casa de los Rozo fue atacada e incendiada. El matrimonio consiguió escapar en medio de la oscuridad por trochas que solo ellos conocían.

Lo habían perdido todo y les tocó empezar una nueva vida en Bogotá. El padre consigue un trabajo en los Ferrocarriles Nacionales. Comienza una nueva vida. Vuelven de visita a Chiquinquirá en 1952 y allí nace Jenny. Ya de nuevo en Bogotá, Jenny hace los estudios básicos en el colegio María Auxiliadora de la capital. En 1970, con 18 años, empieza a trabajar en una fábrica de zapatos. En 1975 cambia de trabajo y entra en una fábrica de cubos de azúcar como “troqueladora”. Lo que ignora en ese momento es que su nuevo empleo va a cambiar su destino para siempre.

El dueño del negocio se fija en ella, con otros ojos, y Jenny termina liándose con él. “Un desliz”, dice ella. Pero un desliz con graves consecuencias. A finales de 1976 Jenny descubre que está embarazada. Vive aún con sus padres y no quiere que ellos se enteren porque “les quería evitar sufrimientos”, según sus propias palabras. El padre del niño la presiona para que aborte, pero ella quiere tener el niño “por encima de todo”. Con cuatro meses de embarazo se marcha de casa de sus padres para que no se den cuenta de su estado. IMG-20141217-WA0012Tres meses después se encuentra mal en plena calle y llega sola, en ambulancia, a un hospital público donde alumbra a un niño prematuro. Al día siguiente es obligada a dejar el hospital; envuelve como puede a su hijo y se sube en un bus de servicio público con destino a la casa de su hermana Flor, en el barrio Restrepo, de Bogotá. Aún no sabía que el niño había nacido con una grave minusvalía : era sordomudo.

En ese momento Susana, la madre de Jenny, trabajaba como asistenta en Bogotá, en casa de una joven señora española que dirigía una editorial de revistas médicas, cuya casa matriz estaba en Barcelona. Susana le cuenta a su patrona toda la historia y ella decide ofrecerle un trabajo a Jenny en su editorial. Así apareció España por primera vez en el universo de Jenny. Trabaja un poco más de dos años en la editorial, hasta que ésta suspende actividades en Colombia.

Su oficio siguiente es en un restaurante italiano en el centro de Bogotá. La vida seguía y Jenny debía adaptarse a diferentes tipos de trabajo. La imperiosa necesidad de subsistir era caprichosa y la llevaba de un oficio a otro sin descanso. Hasta que en 1987 retoma contacto con su antigua jefa de la editorial, y acepta la propuesta que le hace de venir a Barcelona con su hijo, Miller, que ya tiene nueve años.

Barcelona le proporciona otra visión del mundo. Milller puede ir a un colegio especializado en sordomudos. Se abren nuevas posibilidades para madre e hijo. Pero el chico entra en una crisis de adolescencia tan fuerte que pone a su madre entre la espada y la pared. Los problemas de comportamiento, la indocilidad, hacen que su madre tome la decisión de volver a Colombia. Y así ocurre esto en 1990.

Otro sector espera a Jenny esta vez : los filtros de agua. En una empresa dedicada a esta actividad pasa los siguientes siete años. En 1998 la empresa cierra sus puertas y la indemnización que le correspondía a los empleados es pagada en filtros. Jenny se las arregla para vender los que le correspondían y con el producto de la venta toma una decisión : regresar a España. Deja a Miller a cargo de su hermano y se planta en Barcelona en 1999. Empieza a trabajar como asistenta del hogar y hace siete casas al día. No tiene papeles. Consigue su primer permiso de trabajo gracias al dueño de un restaurante de Barcelona que le hace un contrato de trabajo. Vive en Sant Cugat en el piso de una señora que alquilaba habitaciones a estudiantes. Pero las cosas se complican pues su hermano, que se había hecho cargo de Miller, ya no puede con él y le anuncia a su hermana que lo envía a España. La señora de Sant Cugat se niega a recibir al chico.

El mismo día que llega Miller a España, Jenny consigue un apartamento en La Floresta  (Sant Cugat). Tiene que dejar al chico solo recién llegado y correr a una entrevista de trabajo en Can Cortés, un conocido restaurante campestre de Barcelona. La cogen para realizar una sustitución temporal.

Su vida de trabajo empezaba a las siete de la mañana, en casa de una señora en La Floresta, y a las 11:15 debía llegar al restaurante. Su hijo hace Formación Profesional para ser electricista y fontanero, y trabaja de jardinero para tener su propio dinero de bolsillo. Jenny consigue un contrato fijo en el restaurante. Pero Miler no acaba de estar bien. Tiene demasiado tiempo libre; necesita un trabajo, pero eso no es empresa fácil.

Un día, Jenny llega a su casa y encuentra un papel con un número de teléfono en su mesita de noche. No sabe de dónde ha salido esa nota pero siente un impulso irrefrenable de llamar. Le contestan si pregunta por el tema de una oferta de empleo para un chico. Dice que sí, que es para un hijo suyo. Le preguntan si ya ha hecho la entrevista, y asiente nuevamente aunque no es verdad. Le pasan entonces a un señor (“un ángel”, en el convencimiento de Jenny) que le pide una serie de papeles de Miller. Las cosas se le facilitan de una forma poco corriente. “Un milagro”, según Jenny. A los dos días, el chico tiene un contrato para trabajar en el Hospital del Mar, a pesar de su minusvalía.

Han pasado más de diez años. Jenny y su hijo han conservado sus trabajos, a pesar de la crisis. La fuerza del destino los trajo a España y aquí encontraron la estabilidad, y un sustento digno, después de luchar mucho contra los embates de la vida.

Algunas veces, en sus caminatas matinales hacia su sitio de trabajo, entre pinos mediterráneos y encinas, Jenny siente que las fuerzas le fallan. Entonces se abraza durante unos minutos a un árbol, se reconforta con su energía y sigue su camino. Adelante, siempre adelante.